
Esta vivienda ya no respondía a la forma de habitar de quienes la habían elegido. Nuevos modos de vida —trabajar desde casa, compartir más tiempo, necesitar espacios flexibles— exigían repensar la casa desde sus usos reales.
El proyecto partió de esa necesidad: reordenar la planta baja para que los espacios se conecten, ganen luz natural y funcionen como un verdadero centro de la vida cotidiana. Cocina, estar y comedor dejaron de ser ambientes aislados para conformar un único espacio continuo, capaz de adaptarse a distintas situaciones del día a día.
Las habitaciones existentes encontraron un nuevo sentido. Se transformaron en un espacio de trabajo y creación, pensado para concentrarse y producir, manteniendo al mismo tiempo una relación equilibrada con el resto de la casa.
La ampliación incorporó un ámbito más íntimo y calmo: una suite luminosa, amplia, diseñada para bajar el ritmo y descansar de verdad. No como un agregado aislado, sino como parte de una manera más consciente y equilibrada de habitar.
Cuando el diseño es claro, la casa mejora… y la inversión también.








